Reflotamiento del Winnipeg

Curador de exposiciones individuales y colectivas en Latinoamérica, España y Estados Unidos.

Artistas participantes: Diego Santa María, Adolfo Bimer, Bárbara Oettinger, Diego Lorenzini, Gabriel Holzapfel, Francisca Lafuente. Centro Montecarmelo, Santiago de Chile, Chile Agosto 2014 Reflotamiento del Winnipeg

Se cumplen 75 años de la partida del barco Winnipeg, en agosto de 1939, del puerto de Trompeloup en Francia. Más de 2.200 inmigrantes españoles escaparon de la Guerra Civil y de los campos de concentración franceses gracias a la mediación de Pablo Neruda y el auspicio del Presidente de Chile. Pedro Aguirre Cerda, quien quería traer trabajadores capacitados al país. El barco llegó a Chile un mes más tarde, cargado de ilusiones, esperanzas, sueños e incertidumbres. Ese viaje es un acontecimiento histórico, pero también son recuerdos personales, anécdotas y juegos de niños. En la exposición colectiva Reflotamiento del Winnipeg, que se presenta en la Casa de la Ciudadanía Montecarmelo bajo la curaduría de Juan José Santos, seis artistas chilenos, a través de conversaciones con seis personas que vinieron desde Europa en el barco, han logrado reflotar el Winnipeg mediante la imaginación. Lo han hecho a través de fotografía, acción, dibujo, pintura e instalación, reactualizando los recuerdos y la memoria de los supervivientes de un viaje que marcó la historia de Chile y de España.
El artista Adolfo Bimer en conversación con el dramaturgo, ensayista y pasajero del Winnipeg, José Ricardo Morales. Cortesía: JJ Santos
El artista Adolfo Bimer en conversación con el dramaturgo, ensayista y pasajero del Winnipeg, José Ricardo Morales. Cortesía: JJ Santos
En 237, Adolfo Bimer pretende establecer un diálogo con la pieza dramática Oficio de tinieblas, del dramaturgo, ensayista y pasajero del Winnipeg, José Ricardo Morales (1916), y a su vez con la idea del destierro, tanto a nivel de identidad como de cuerpo, presentada por Morales a lo largo de su actividad creativa. El destierro, según Morales, adquiere su fuerza no en lo trágico del hecho, sino en la libertad que le otorga al ser humano el desarraigo. La identidad es vista como una construcción continua durante el transcurso de la vida, sometida a los altibajos de la misma. Por ende, una identidad sin una forma concreta. Oficio de tinieblas es una obra de teatro que se desarrolla en completa oscuridad, donde dos personajes (El Hombre y La Mujer) dialogan y divagan acerca de la existencia como una situación dudosa, sin una forma muy clara y sin llegar a conclusiones. La figura del desterrado se manifiesta en esta especie de hombre y mujer universales, pero sin rostro ni identidad: el humano desprovisto de los rasgos que lo adhieren a un sentimiento de arraigo, trasladado al terreno de lo físico. O en el caso de 237, un lugar donde nuestro reflejo se torna algo distorsionado y oscuro, ocultando entre sus formas las nuestras. En una intención por establecer un diálogo entre ambos trabajos es que la pintura 237 acompaña a la reedición de Oficio de tinieblas , y viceversa.
Adolfo Bimer, Oficio de tinieblas, 2014, vista de la exposición. Foto: Bárbara Oettinger
Adolfo Bimer, Oficio de tinieblas, 2014, vista de la exposición. Foto: Bárbara Oettinger
Adolfo Bimer, Oficio de tinieblas, 2014, publicación artesanal de la obra de José Ricardo Morales, 200 ejemplares. Foto: Bárbara Oettinger
Adolfo Bimer, Oficio de tinieblas, 2014, publicación artesanal de la obra de José Ricardo Morales, 200 ejemplares. Foto: Bárbara Oettinger
Adolfo Bimer, Oficio de tinieblas, 2014, pintura. Foto: Bárbara Oettinger
Adolfo Bimer, Oficio de tinieblas, 2014, pintura. Foto: Bárbara Oettinger
Con Las fogatas aparecían como un milagro, Diego Santa María presenta un conjunto de piezas que representan el recuerdo de Eduardo de la Heras en su recorrido previo antes de llegar a abordar el Winnipeg. Eduardo realizó ese camino junto con su familia, atravesando Los Pirineos a pie rumbo a Francia. Según relata, vio a lo lejos fogatas que, en sus palabras, “aparecían como un milagro”. La hoguera representa la esperanza tras un periplo en el que él y su familia arriesgaron la vida, pasando frío y hambre, y en el que siempre estaba presente la incertidumbre por saber qué es lo que les depararía el destino. Las tres piezas se presentan como portales o vanos, en los que a modo de representación de la memoria, las palabras de un adulto y los recuerdos de un niño, se entrecruzan y de forma espontánea dan como resultado este trabajo. Santa María presenta una instalación que recrea ese momento a través de la metáfora y la materialización del recuerdo.
Diego Santa María, Las fogatas aparecían como un milagro, 2014, vista de la exposición. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Santa María, Las fogatas aparecían como un milagro, 2014, vista de la exposición. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Santa María, Las fogatas aparecían como un milagro, 2014, yeso, madera, cemento, agua, lona, roca, diapositiva y luz artificial. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Santa María, Las fogatas aparecían como un milagro, 2014, yeso, madera, cemento, agua, lona, roca, diapositiva y luz artificial.
 Diego Santa María, Las fogatas aparecían como un milagro, 2014, yeso, madera, cemento, agua, lona, roca, diapositiva y luz artificial. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Santa María, Las fogatas aparecían como un milagro, 2014, yeso, madera, cemento, agua, lona, roca, diapositiva y luz artificial.
El artista Diego Santa María en conversación con el pasajero del Winnipeg, Eduardo de las Heras. Cortesía: JJ Santos
El artista Diego Santa María en conversación con el pasajero del Winnipeg, Eduardo de las Heras. Cortesía: JJ Santos
Francisca Lafuente presenta una acción callejera e instalación en Pescábamos. Se presenta una frase textual dicha por Luis Cabello (1926) que transmite la acción llevada a cabo principalmente por Pablo Neruda, demostrando la transparencia de un sentir humano que arropa la reestructuración de una infancia corrompida y rescatada.El chocolate es uno de los elementos que surge del recuerdo de Luis Cabello. Era un niño del Winnipeg, y como a otros, al final de la tarde, se le regalaba un chocolate: un sabor dulce que apaciguaba aquel pasado reciente y amargo, la presencia de la ausencia de temor, que construirá la lectura de una vida que hoy, en el seno cotidiano, pesca el punto de vista marcado por una infancia que determina la noción de una fuerza esencial para vivir. La artista realiza además una acción callejera: ofrece las letras en chocolate que conforman la frase de Luis, y las personas son invitadas a proponer un intercambio simbólico a través de sus propias ilusiones y esperanzas. El registro fotográfico de dichas acciones se va añadiendo a la instalación.
Diego Lorenzini, ¿Cómo que por qué?, 2014, tinta china, acuarela, bolígrafo y crayones sobre papel. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Lorenzini, ¿Cómo que por qué?, 2014, tinta china, acuarela, bolígrafo y crayones sobre papel. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Lorenzini, ¿Cómo que por qué?, 2014, tinta china, acuarela, bolígrafo y crayones sobre papel. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Lorenzini, ¿Cómo que por qué?, 2014, tinta china, acuarela, bolígrafo y crayones sobre papel. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Lorenzini, ¿Cómo que por qué?, 2014, tinta china, acuarela, bolígrafo y crayones sobre papel. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Lorenzini, ¿Cómo que por qué?, 2014, tinta china, acuarela, bolígrafo y crayones sobre papel. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Lorenzini, ¿Cómo que por qué?, 2014, tinta china, acuarela, bolígrafo y crayones sobre papel. Foto: Bárbara Oettinger
Diego Lorenzini, ¿Cómo que por qué?, 2014, tinta china, acuarela, bolígrafo y crayones sobre papel. Foto: Bárbara Oettinger 
Diego Lorenzini presenta ¿Cómo que por qué?, una selección de dibujos y textos realizados en base a las apasionantes aventuras de Víctor Pey, un pasajero catalán del Winnipeg que jugó un rol protagónico en la historia política del siglo XX en Chile y España. Estas imágenes intentan construir una mirada subjetiva, licenciosa y simbólica de la historia de Pey en contraste al rigor periodístico presente en la abundante cobertura que se ha hecho de su vida. De esta manera, la estética de la caricatura política se entrama con interpretaciones deformes de sus archivos personales, con la esperanza de destacar aquellos detalles periféricos que se asoman, resisten y disiden de la rigurosa forma que Víctor Pey tiene de contar sus historias como combatiente antifascista en la España republicana, como fabricante de armas, como prisionero de guerra, como pasajero del Winnipeg, como amigo de Allende, como protector de Neruda, como anarquista, o como director del diario El Clarín
 La artista Bárbara Oettinger en conversación con la pasajera Felipa Morcillo. Cortesía: JJ Santos
La artista Bárbara Oettinger en conversación con la pasajera Felipa Morcillo. Cortesía: JJ Santos
La instalación fotográfica de Bárbara Oettinger titulada El viaje de Felipa es la documentación de una acción desarrollada por Felipa Morcillo. El viaje de Felipa toma el concepto de viaje como un recorrido de retorno simbólico donde Felipa Morcillo, desde la ciudad de Santiago a la V Región, trasladó su experiencia y la historia que escuchó de sus padres en relación al exilio, ya que ella sólo tenía cuatro meses de edad cuando viajó en el Winnipeg. Para esto escribió una carta en la que relató sus recuerdos y luego la botella fue arrojada al mar. El viaje y el mar es un espacio importante dentro de la obra como símbolo de libertad y de reconciliación, de catársis frente al exilio. “…La experiencia del exilio -y, en consecuencia, su ficcionalización- se estructura en tres instancias: la expulsión del espacio propio, que conlleva las figuras de desterritorialización y desarraigo; la inserción en el lugar de acogida, que supone una fractura de la identidad personal y nacional; y el regreso, que deriva en lo que se ha convertido en una de las más cuestionadas y/o cuestionables utopías literarias” (Buiturón, Marcela Crespo. Poéticas de exilio: María Rosa Lojo, un resquicio ontológico en la dimensión política, Universidad de Buenos Aires/Universidad del Salvador/CONICET. Vol. 8, No. 3, Primavera 2011, p.117.).
Bárbara Oettinger, El viaje de Felipa, 2014, vista de instalación (fotografía digital, fotografía encontrada y video stills). Cortesía de la artista
Bárbara Oettinger, El viaje de Felipa, 2014, vista de instalación (fotografía digital, fotografía encontrada y video stills). Cortesía de la artista
Bárbara Oettinger, El viaje de Felipa, 2014, vista de instalación (fotografía digital, fotografía encontrada y video stills). Cortesía de la artista
Bárbara Oettinger, El viaje de Felipa, 2014, vista de instalación (fotografía digital, fotografía encontrada y video stills). Cortesía de la artista
Bárbara Oettinger, El viaje de Felipa, 2014, vista de instalación (fotografía digital, fotografía encontrada y video stills). Cortesía de la artista
Bárbara Oettinger, El viaje de Felipa, 2014, vista de instalación (fotografía digital, fotografía encontrada y video stills). Cortesía de la artista Gabriel Holzapfel presenta dos trabajos, Tierra firme y La planta del pie. Pascual García Aragón nació un 18 de noviembre de 1919 en Talavera de la Reina, Toledo, España. A los 24 años pasó más de cinco meses en distintos campos de concentración hasta que logró vencer las guardias de los senegaleses que lo custodiaban y escapó junto a dos amigos con rumbo incierto. Atravesó un largo pantano y usó una identificación falsa. Gracias a eso pudo llegar al puerto francés desde donde zarpó el Winnipeg. Hoy, a los 97 años, Pascual tiene un suelo propio. Finalmente encontró en Chile la estabilidad que perdió de golpe en España cuando tenía 25 años. Actualmente pasa sus días tranquilo en casa, cuidando del Magnolio que florece todos los inviernos en el patio. Tierra Firme es un ejercicio de dibujo y diálogo, donde se traspasó la superficie del suelo de la casa de Pascual García y de distintos sectores del Puerto de Valparaíso a una serie de pliegos de papel mediante la técnica del frottage. La planta del pie completa la instalación; Pascual donó dos zapatos viejos para poder hacer crecer dos brotes de su magnolio y así generar –simbólicamente- dos nuevas vidas desde sus pies, para luego trasplantarlas a “tierra firme” el día de su cumpleaños
 El artista Gabriel Holzapfel en conversación con el pasajero del Winnipeg  Pascual García. Cortesía: JJ Santos
El artista Gabriel Holzapfel en conversación con el pasajero del Winnipeg Pascual García. Cortesía: JJ Santos
La exposición Reflotamiento del Winnipeg se completa con un video en el que se presentan fragmentos de las entrevistas mantenidas por los artistas con los supervivientes, y en una sala más pequeña, documentación, libros acerca del Winnipeg y un cuadro original del barco. El archivo personal de Beatriz Lorenzo Gómez de la Serna, hija y nieta de pasajeros del Winnipeg (su padre, Arturo Lorenzo, su madre, Elena Gómez de la Serna Fojo, su abuelo, José Gómez de la Serna y Puig –hermano del famoso escritor Ramón Gómez de la Serna- y su abuela Elena Fojo Márquez), en el que aparecen documentos, fotografías y registros de su familia en el campo de concentración y en el Winnipeg, con comentarios escritos por su abuelo. También se incluye el cuadro original del Winnipeg, donado por la familia Pey, y que recoge una hermosa historia del viaje: Víctor Pey fue, junto con sus padres, uno de los pasajeros del Winnipeg. Su madre tocaba el piano, y el capitán del barco, Gabriel Pupin, tenía uno en su camarote. La madre de Víctor Pey tocaba el piano para el capitán y éste, en agradecimiento, le regaló el cuadro que tenía en su estancia: un cuadro del propio Winnipeg. Para reactualizar ese intercambio que aún continúa entre España y Chile, en esta sala se expone un montón de tierra de Valparaíso, puerto en el que arribaron los pasajeros, y España, país del que huyeron.
Cuadro original del Winnipeg, donado por la familia Pey. Foto: Bárbara Oettinger
Cuadro original del Winnipeg, donado por la familia Pey. Foto: Bárbara Oettinger José Ricardo Morales – Adolfo Bimer Luis Cabello – Francisca Lafuente Pascual García – Gabriel Holzapfel Felipa Morcillo – Bárbara Oettinger Víctor Pey – Diego Lorenzini Eduardo de las Heras – Diego Santa María   Curador: Juan José Santos